2 junio, 2026

02 Septiembre 2013, Respetito

            RESPETITO

Pues, como les iba diciendo, aunque acabo de empezar a teclear, La Loboteca da a luz su tercer número (el número 2) en una época convulsa. Aunque parezca increíble, en el siglo XXI sigue existiendo el racismo, la homofobia, la religión, el machismo, los tomates y la mezcla del pollo con piña. ¡Incluso siguen existiendo los nazis!

Bueno, a lo que iba. Como resultado de esta sociedad tan decadente nació esa revista llamada La Loboteca, que pasó a ser la más famosa de la historia en 2013 (esta carta fue escrita en el futuro 2023). Y nació para hacer feliz a la gente.

Para demostrarlo, hicimos un experimento, en colaboración con la Universidad de Winnipeg, en el que nuestros más de 2 y menos de 13000 colaboradores repartieron La Loboteca a un total de 47000 familias de los nueve continentes.

¿Qué pretendíamos medir con esto? Si La Loboteca era capaz de hacer felices a las personas. El resultado no rompió ningún pronóstico. Era obvio.

Con respecto al racismo, los lectores de La Loboteca parecían no distinguir los colores de las pieles, les daba absolutamente igual si alguien era negro, marrón o azul (vale, lo azul les resultaba un poco raro, pero lo aceptaban sin ningún problema). Por el contrario, los que no querían leer La Loboteca dejaban sus trabajos para poder dedicar las 24 horas del día a aniquilar a cualquier persona de una raza distinta a la suya.

Sin embargo, en lo que respecta a la homofobia, los resultados fueron parecidos. Los lectores de La Loboteca aceptaban cualquier condición sexual de las personas. Les daba igual quién les atrajera y con quién se acostaran. Los homófobos que no leían La Loboteca seguían emitiendo sonidos estrafalarios. Los más avanzados mezclaban, en ocasiones con éxito, consonantes con vocales. Pedirles respeto a los demás sería misión imposible, más que nada porque aún no se sabe con certeza si estas formas de vida tienen capacidad de aprendizaje.

En cuanto a la religión, La Loboteca era leída, en un 178%, por gente que no tenía religión. Las personas religiosas, con profundas creencias de seres sobrenaturales que dictan lo que hay que hacer, no estaban interesadas en este tipo de lecturas. Los fabricantes de armas tampoco.

El estudio de los nazis fue sorprendentemente positivo. Tras leer La Loboteca, muchos de ellos aprendieron a manejar objetos y a caminar erguidos, y demostraron una asombrosa capacidad de lenguaje, llegando algunos a reconocer más de 100 palabras. En esta fase del estudio, intentan controlar el esfínter, y la cosa parece que va por buen camino. Los nazis que no leyeron La Loboteca siguieron corriendo sobre sus cuatro patas, para recoger el palito que su dueño les lanzaba.

A la hora del estudio sobre el machismo, descubrimos con asombro que 17 de cada 12 hombres que leían La Loboteca cambiaron radicalmente su manera de ver a la mujer. De creerse superiores pasaron a tratarla de igual a igual, creyéndola con los mismos derechos y obligaciones que ellos. Los hombres y mujeres machistas que no leyeron La Loboteca se reafirmaban en su científico “porque sí”, para a continuación seguir alimentándose en el abrevadero.

El mundo, según La Loboteca, sería un lugar más feliz sin religión, sin nazis, sin racismo, sin machismo y sin homofobia. Y como todavía hay personas que no leen La Loboteca aún queda trabajo por hacer.

Como se dice por aquí, “el respetito es muy bonito”.

                                                

Dingo Wollobolf

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