2 junio, 2026

01 Agosto 2013, Larga espera

LARGA ESPERA

Resulta, queridos lectores que, en un abrir y cerrar de ojos, hemos pasado del nacimiento de La Loboteca al segundo número, justo un mes después, lo cual, en una revista de tirada mensual, no debe extrañar a nadie. Bueno, puede que a alguien que no sepa lo que significa mensual, pero a nadie más.

Han pasado muchas cosas interesantes en este mes. Hay gente que ha ido a comprar el pan, como todos los días. Hay gente que ha ido a trabajar, como todos los días. Hay gente que ha meado sangre y se ha preocupado. Incluso hay gente que ha compartido momentos divertidos con un gorila llamado Rodríguez, aunque más bien parece un apellido.

Pero lo que me ocupa en estos momentos es esa gente que se ha pasado estos últimos 30 días esperando el segundo número como agua de mayo. Esa gente que ha tenido que medicarse para poder soportar la espera. Esa buena gente que hará noche en la puerta de los kioscos, para ser el primero (o primera) en obtener su ejemplar. Esa buena gente, que ha vivido un auténtico infierno, podrá por fin saborear el segundo número de La Loboteca, que es, según los expertos (aquellos que en algún momento llegaron a ser pertos), el mejor número de la historia de la revista.

En general, la acogida popular del primer número ha sido bastante generosa: “Me partí el culo!!”, “Enhorabuena, me he reído mucho!!”, “Me encanta la revista!!”, “Aún no me has pagado por decir que tu revista es la hostia!!”, “Eres un basura”, etc. En algunos casos, la acogida no ha sido tan generosa: “Me reí tanto que estuvo a punto de darme un infarto”, “Me atraganté de una carcajada”, “Me llevé La Loboteca a un entierro y terminaron dándome una paliza”. Y en algunas ocasiones, han vertido comentarios hirientes sobre nuestra publicación: “Es demasiado buena, ya no se puede mejorar”, “Es la revista perfecta” o “Tengo un mono llamado Lolo”, entre otras lindezas.

La Loboteca, tratando de no perder de vista la objetividad ante el aluvión de críticas y alabanzas, ha decidido que, a pesar de haber alcanzado la cima en tan poco tiempo, debe plantearse el casi imposible reto de mejorar constantemente, porque el pueblo canario necesita esta revista para no entrar en una espiral de suicidios y violencia colectiva que desemboque en la desaparición de la vida en nuestro archipiélago y, por ende, en nuestro planeta.

En fin, no les entretengo más (frase que contradice claramente el espíritu de la revista, ahora que lo pienso). Sólo me queda desearles que disfruten de este segundo número, que les guste mucho más que el primero (difícil, pero no imposible) y que les guste mucho menos que el tercero, que será la repera (palabra en desuso, muy útil para este tipo de momentos).

Sean felices y no claudiquen…

 

Dingo Wollobolf

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